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Problema de la pobreza: ¿por dónde comenzar?

¿Cuál es el elemento más importante de todo proyecto eficaz de ayuda al desarrollo en los pueblos necesitados del mundo? ¿Cuál es el principal recurso que se puede incorporar a toda iniciativa para dar de comer al hambriento, vestir al desnudo, y socorrer al que sufre? ¿Cómo movilizaremos nuestra riqueza para suplir su carencia? ¿Cómo aseguraremos la justicia? Si la discriminación constituye la mejor parte del valor, ¿Cuál será la mejor parte de la compasión?

Las respuestas a estas preguntas se centran invariablemente en cuestiones mecánicas o estructurales. Tendemos a creer que atender al pobre es cuestión de logística. Nos inclinamos a creer que si organizamos proyectos adecuados, con buenos sistemas de apoyo, suficientes recursos y gestión administrativa eficiente, podremos casi resolver cualquier problema. Si pudiéramos sensibilizar, agudizar conciencias y obtener aprobaciones gubernamentales, seríamos capaces de poner fin a la plaga de la escasez en el mundo. 


Darrow Miller en su libro Discipulando Naciones propone algo radicalmente distinto. El argumenta que la herramienta más eficaz que podemos empuñar en el empeño de favorecer al necesitado es una cosmovisión bíblica. No más dinero, más mano de obra, o mejores listas de correos. No mejores programas, mayores eficiencia, o mejores sistemas. No mayor implicación gubernamental, mayor participación de base o mejor difusión pública. No más unidad de denominaciones, mayor cooperación internacional, o mejores canales de distribución. 

Al contrario, argumenta, son las ideas las que acarrean consecuencias más profundas. Si nuestros actos son promovidos por ideas correctas,  todo lo demás llegará a su debido tiempo. Pero si estamos atestados de ideas malas, los planes mejor concebidos inevitablemente se quedarán en nada. 

Considere el resultado perjudicial de muchos esfuerzos bien intencionados para ayudar a los pobres en el siglo XX. Recursos inmensos, estrategias excelentes y programas bien definidos fueron frustrados a cada paso debido a filosofías inadecuadas, incoherentes o injustas. Lo mejor que podemos ofrecer no es suficiente si es menoscabado por malas ideas. Las ideas acarrean verdaderamente consecuencias. 

En la lucha contra la pobreza y la depravación tenemos que ceñirnos de interés por la justicia, la compasión y la humildad delante de Dios Todopoderoso con una cosmovisión bíblica congruente. 


¡Ya se te ha declarado lo que es bueno!

Ya se te ha dicho lo que de ti espera el Señor:

Practicar la justicia, amar la misericordia, y humillarte ante tu Dios.

Miqueas 6:8


George Grant

King´s Meadow Study Center

Si queres seguir investigando sobre este tema puedes leer el libro Discipulando Naciones o cualquier otro de los libros de Darrow Miller

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